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MHKM
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« : Agosto 24, 2008, 11:43:56 pm » |
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Lo siguiente fué publicado en Coche a la Vista!.. en el número de Noviembre del '57 y transcripto por mí para la página wwww.fandodge.com.ar, acá lo vuelvo a transcrivo para el que no conoce la página. Alto, rubio, ojos claros que sonríen con simpatía, fornido y dinámico. Jorge Rodrígo Daly no desmiente con su estampa al irlandés que lleva adentro, aunque haya sido Punta Arenas, en Chile, el lugar de su nacimiento. Inquieto y visionario, a Don José Daly, su padre, le fue resultando chica la parcela de tierra que cultivaba en su Irlanda natal y sin pensarlo mocho decidió que lo que no tenía allí, lo iba a buscar en otro lado, así quedara junto a los mismísimos infiernos. Embarcó para ello en un velero corcoveador pero marinero, hacia los lejanos mares del sur y ancló en Punta Arenas. Allí, en esa austral ciudad trasandina encontró el campo y los pastos que buscaba y también allí, el 16 de febrero de 1903, nació Jorge, quien cinco años más tarde partiría con los suyos en busca de otros campos a México. Lo hallaron en Zapopan, un pueblecito cercano a Guadalajara y en el mismo, mientras Don José administraba tierras, Jorge estudiaba y la familia Daly progresaba. Por eso fue que en 1918 puso proa a Gran Bretaña. A Jorge y sus hermanos Gilda y Teodoro les aguardaba el austero colegio Bedford, en donde serían internados para cursar sus estudios secundarios. En él estuvieron todo el tiempo que duró la primera guerra mundial para en 1919 retornar a América. Esta vez la familia eligió a Argentina y sería nuestro país la última escala de ese peregrinar insatisfecho. Se radicaron en un campo situado en Monte Buey, en la provincia de Córdoba y en el mismo, Jorge y Teodoro se ganaban sus sustentos trabajando de sol a sol como simples peones, labor por la cual percibían una paga de 20 pesos mensuales. Fue en esa estancia donde Jorge comenzó a vincularse con las máquinas. Era tractorista al venderse el campo siguió desempeñando su oficio en una hacienda vecina y con más sueldo: 70 pesos por mes. En 1924 visitó la estancia en jira de inspección un representante de la Casa Agar Cross, agradándole sobremanera la disposición que poseía Jorge para el desempeño de la función mecánica del establecimiento, Lo invitó a emplearse en la firma que allí le había enviado, ingresando poco después en Agar Cross como aprendiz y para especializarse en maquinarias agrícolas. Sí tendría vocación, que en 1926 la firma lo envió a Estados Unidos para asistir a cursos de especialización en la materia, regresando con el título de experto en maquinas agrícolas. Ello merecía un ascenso y Jorge lo obtuvo al ser nombrado encargado de la Casa, en su especialidad, en la zona norte, con asiento en Rosario. El deporte le agradaba al "inglés". Tenía 24 años y jugaba en la división superior de rugby del Club Atlético Rosario manteniéndose hasta 1933 en el "candelero". Pero los negocios le llamaron a Buenos Aires y en 1934 ingresó en la casa Fevre y Basset, importadora y concesionaria de la Chrysler Corporation, como inspector de agencias. Allí y en ese cargo conoció todas las rutas de nuestra patria que cubrió en el automóvil de la compañía, siendo esos caminos los que lo entusiasmaron con el deporte mecánico. Primero batía sus marcas en los cambios de neumáticos, luego trataba de pasar a cuanto coche se le ponía delante; tomaba curvas casi en dos ruedas, etc. y finalmente consideró que podría intervenir oficialmente en una competencia como volante "en serio". Se acercaba el Gran Premio de 1936 y como en aquella época tenía mucha importancia para la vida automovilística comercial las carreras con tales vehículos, tanto que un éxito de tal o cual marca en esas justas les proporcionaba nombradía y acrecentaba ventas, Daly decidió hablar con sus patrones proponiéndoles competir con un coche de la casa. Finalmente y tras muchos cabildeos le vendieron un Plymouth de serie a un precio especial. Lo llevó a lo de Viglione y una vez preparado para la prueba, se inscribió y largó esa carrera que ganara Riganti. La cosa para él terminó pronto. Como todo principiante creyó que con “meter fierro” bastaba y no se salió con la suya. Lo quiso así una curva, la de "El Monasterio", en Carmen de Areco, la que se le hizo invisible a sus ojos y lo envió con coche y todo por encima del alambrado, "aterrizando" en un potrero con el tren delantero roto. No sufrieron lesiones ni Jorge ni José B. Naves, su acompañante, quienes a duras penas pudieran llegar a Arrecifes. Repararon en el taller de Cástulo Hortal, siguieron en carrera, pero al llegar a Córdoba fuera de hora se acabó la prueba para ellos. Después siguió insistiendo; buscaba la victoria, con denuedo, con entusiasmo y empecinado, como buen hijo de irlandés, en lograrla tarde o temprano. Por ello desde allí en adelante se "prendió" en cuanta competencia automovilística de ruta se organizara. Fue al Gran Premio de 1937 y abandonó en la 4º etapa inscribiéndose luego en el Gran Premio del Sur de 1948. Corrió con un Plymouth preparado por Gaudino y en esa carrera le ocurrieron algunas cosas pintorescas. En la 1º etapa llegó segundo a General Roca detrás de Risatti y en la parte inicial de ese tramo se quedó sin nafta cerca de Trenque Lauquen y cuando iba bien colocado. Cerquita suyo estaba un chacarero con un Plymouth. Jorge con la mejor cara de angustia que encontró le pidió nafta, respondiéndole el campesino que sólo tenía para llegar hasta su casa. Mas el "inglés" determinó para sí que esa nafta sería suya y con una imperceptible seña advirtió a su acompañante sus propósitos. De inmediato se ofreció gentilmente para mostrar al dueño del codiciado combustible, cómo era el motor un coche de carrera y mientras aquél curioseaba a gesto, el copiloto de Daly "chupaba" nafta que luego por un cañito de goma pasaba a la máquina de su compañero. Lo cierto fue que con lo que le sacaron al chacarero de marras pudieron llegar a Trenque Lauquen, reaprovisionarse y continuar. Más tarde, buscando a Risatti, cuya “tierra” no veía, aceleró Daly, volcando en una curva, enterándose por Kruuse, que lo auxilió, que el inolvidable crack de Laboulaye había roto el diferencial mucho antes y que él, Jorge estaba primero. Poco después el salto y posterior caída en mala forma sobre un badén le ocasionó otro vuelco. Siguió luego de ser ayudado por Mercurio Giuliano, a quien poco después vio junto a su coche que estaba montado sobre una piedra, con el cárter destrozado. Mercurio le pidió aceite y Jorge riendo le pregunta para qué lo quería si lo que iba a echar por arriba sé le iba a ir por abajo. Giuliano con lágrimas en los ojos sólo le respondió, profundamente emocionado: —“No importa Jorge, echale nomás”.
Ese Gran Premio terminó para Daly luego de otro vuelco entre San Julián y Río Gallegos, provocándose un retardo para reparar, de tal magnitud que al llegar después de hora a Comodoro Rivadavia, queda fuera de carrera. Intervino seguidamente Jorge Rodrigo en el Gran Premio Argentino de 1938, en el que desertó en la 2º etapa; en el "Gran Premio Internacional del Sur" en 1939 abandonando en la 9º etapa en el "Gran Premio Argentino" y el " Extraordinario" de ese año, con poca suerte; en el "Gran Premio del Sur", que organizara la Comisión Central de Esquel (Chubut), en el que abandonó en la 2º etapa y en la "Mar y Sierras" de ese año en la que también desertó. Luego… Se tiñó de sangre el mundo al conjuro de la segunda guerra mundial. Como lo hicieron más de 3000 muchachos en la Argentina, Jorge Rodrigo Daly ofreció sus servicios a la Embajada Británica. Lo aceptaron como voluntario y lo incorporaron en la Marina como oficial fotógrafo con el grado de teniente de navío y destinándolo a la Isla de Ceylán. Allí permaneció dos años sin entrar en combate siendo su misión la fotografía relacionada con los portaaviones surtos en la base de Trincomalee. Mientras estaba en Ceylán estalló la bomba atómica en Hiroshima; poco después finalizó la guerra retornando Jorge a Gran Bretaña. Como fotógrafo de portaaviones visitó Bombay, Calcuta, Madras y otras importantes ciudades de la India, impresionándole sobre todo la pobreza general del país. Pero Daly también vio la guerra muy cerca y fue en Londres en momentos en que arreciaba el bombardeo alemán con las bombas V1 y V2, quedándosele grabadas en su mente para siempre varias cosas: la primera y principal, el coraje, temple y moral del londinense, que veía destruir su ciudad día a día y en vez de llorar o desesperarse trataba de reconstruir inmediatamente lo que aquellos diabólicos proyectiles destrozaban por doquier. En setiembre de 1946 retornó Jorge a Buenos Aires y compró un Dodge 4 puertas con el que se presentó a competir en el "Premio Sierra de la Ventana", abandonando. Luego fue una seguidilla, compitiendo sucesivamente en: el “Gran Premio de 1947” clasificándose 10º; “Mil Millas” de ese año: 3º. En 1948: "Vuelta de Pringles", 13º; "Mar y Sierra", 8°; abandonó en las “Vueltas de Entre Ríos” y del “Chaco”; en la 6º etapa del "Gran Premio de 1948" y se clasificó 14º en la disputa del segundo tramo entre Lima y Buenos Aires. En 1949: Abandonó en la “Vuelta de Santa Fe” y fue 17º en la "Vuelta de la Pampa". En 1950: Abandonó en la "Vuelta de la Pampa", Premio Paso de los Andes" y segunda etapa del Gran Premio, clasificándose 11º en la "Vuelta de Rojas" y 8° en “Premio Cuidad de Tandil". En 1951: Fue 6º en el "Premio Gobernación Provincia de Buenos Aires" y abandonó en la "Vuelta de Entre Ríos". Seis carreras corrió en 1952: En el Autódromo Municipal dos veces abandonando en una y resultando 15º en la otra. Fue 8º en la "500 Millas Mercedinas"; 7º en la "Vuelta del Oeste"; abandonó en la carrera entre La Plata y Córdoba y fue 20º en el Gran Premio. En 1953 disputó cuatro competencias, abandonando en la "Vuelta de Santa Fe", “Mar y Sierras” y "500 Milla Mercedinas" y clasificándose 4º en el Gran Premio. Otras cuatro pruebas corrió en 1954, a saber: Las "Mil Millas Argentinas" en la que se ubicó 5º; la "Vuelta da Rojas" que terminó 3º, desertando en las dos restantes que fueron el "Premio Ciudad de Tres Arroyos" y en la "500 Millas Mercedinas". Llegó 1955 y pintó muy bien para Jorge ese segundo puesto a 9s. 4/5 de Aguaviva en la "Vuelta de Chacabuco" y el tercer lugar en la “500 Millas Mercedinas". Su esposa Dora, era la que más insistía en que Jorge se alejara de las competencias; ya era padre de un pibe que hoy tiene 5 años, Jorge como él, y debía dejar definitivamente el automovilismo. Daly siempre prometía. ¡Pero cómo iba a sacrificar tantos años de búsqueda sin hallazgo, precisamente en esos momentos en que él estaba seguro que iba a conquistar su primera gran victoria! Y no se equivocó. Se organizó la carrera para no ganadores por el "Premio Mar del Plata Automóvil Club" y Jorge se inscribió. Su esposa, un día antes de largarse la prueba le habló seriamente sobre esa intervención suya arrancándole la promesa de que si ganaba tenía que abandonar para siempre el deporte... Daly confiaba en que su mala racha acabaría y lo prometió. Ganó efectivamente, no ha vuelto a participar más en competencias automovilísticas, y aunque tiene muchos deseos de “prenderse” en el próximo Gran Premio con un coche Volkswagen Standard (Escarabajo), la promesa puede más, pero ¿Se mantendrá hasta el cierre de inscripciones?Por último Jorge Rodrígo Daly participa en dicho GP terminando 2º en su clase.
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