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Pampeano
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« : Agosto 04, 2009, 04:31:56 pm » |
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GRANDES FIGURAS DEL AUTOMOVILISMO Angel de Rosa: por trabajo y entrega se metió en la historia grande del TC
En su paso por la más popular de las categorías nos regaló innumerables anécdotas, típicas de esos trabajadores obstinados. Fue de los que no tuvo reparos en detenerse a socorrer a otros competidores.
Img_ppal Por Diego Micheletti. Para la redacción de LA OPINION.
Narrar el paso de este coloso de la velocidad y el vértigo por los exigentes caminos de la categoría más popular no es tarea fácil, ya que sus comienzos se remontan a la década del treinta, cuando la pavimentación todavía no cobraba grandes extensiones y los caminos no eran lo suficientemente acorde con la velocidad que desarrollaban los bólidos. Pero Angel de Rosa, luchador infatigable se animó a los grandes desafíos, andando kilómetros y kilómetros con el fierro a la tabla, como sólo aquellos apasionados podían hacerlo.
Cosechando experiencia La primera satisfacción llegó el 10 de diciembre de 1939, cuando logró completar el trayecto de las “Mil Millas”, en el que unió Florencio Varela, Bahía Blanca, Florencio Varela en casi 17 horas y alcanzó el vigésimo tercer puesto. Tras esta actuación continuó una lucha denodada por obtener buenos resultados, pero la fragilidad de su Chevrolet le jugó en contra y las frustraciones se fueron sumando. Recién en las “Mil Millas” de 1948, disputadas el 16 de enero del año siguiente, volvió a encontrarse con el paño a cuadros blanco y negro al concluir trigésimo segundo. Con los conocimientos adquiridos fue en 1949 cuando alcanzó confiabilidad y robustez en su máquina, producto de ello registró varios arribos, siendo sus mejores labores las de La Pampa y Rojas, donde fue undécimo y duodécimo respectivamente. Estas actuaciones generaron enormes expectativas en torno al piloto y sus colaboradores con vistas al “Gran Premio de Carreteras”, donde aspiraban a completar los 11.035 kilómetros de recorrido. A bordo del “chivo” Nº 79 venía produciendo un notable desempeño al encontrarse situado en el lote de avanzada; pero un espectacular vuelco mientras andaba la novena etapa, entre Jujuy y Resistencia, lo marginó de la prueba. En tal episodio su máquina quedó muy rota y él padeció un golpe muy fuerte en las piernas, quebrándose una de ellas. Se detuvo a socorrerlo en este desafortunado trance Oscar Alfredo Gálvez y rápidamente lo trasladó hasta el nosocomio más cercano.
Acelerando nuevamente La recuperación tras el accidente demandó un tiempo prudencial y en los últimos meses del año 50 se lo pudo observar una vez más en la huella. Manifestando un inquebrantable espíritu de lucha, acudió al “Gran Premio de Carreteras”, donde tuvo que afrontar en cinco etapas, 5.780 kilómetros. Lo de Angel fue extraordinario, ya que arribó décimo evidenciando una asombrosa laboriosidad. En el epílogo de aquel torneo, obtuvo lo que hasta ese momento era la mejor clasificación, el séptimo puesto en las “Mil Millas”. Trabajando denodadamente intentó mejorar sus prestaciones en 1951, pero diversas situaciones se tornaron desfavorables, no permitiéndole concretar tal cometido; quedando como mejor labor, el noveno lugar obtenido en Chacabuco.
En franco ascenso Un laburante riguroso que jamás bajó los brazos buscando los sitiales de privilegio; dicha actitud le permitió encontrarse mejor posicionado, logrando en el transcurso de 1952 un relevante sexto puesto en La Tablada; siendo cuarto en el “Premio de la Lealtad”, cuyo recorrido demandó 1.991,182 kilómetros, uniendo la ciudad de La Plata con Córdoba; retornando al punto de partida en la segunda jornada. Pero esto no fue todo, porque se presentó en el “Gran Premio de Carreteras” y luciendo en su Chevrolet el Nº 33 logró completar el recorrido total para concluir decorosamente en el undécimo lugar.
Cambio de marca En su afán por mejorar, decidió bajarse del Chevrolet y probar suerte con un Ford. Si bien le demandó un tiempo prudencial encontrarle la mano al nuevo bólido, por mayo de 1953 concretó la primera finalización de este nuevo ciclo, al llegar decimotercero en Chacabuco. Posteriormente fue décimo en Rojas y tras algunas frustraciones que no lograron hacerlo desviar de su objetivo principal, llegó el 13 de septiembre, donde mostró un firme andar que le permitió alcanzar el primer podio tras concluir tercero en las “500 millas Mercedinas”. Semejante actuación no hizo más que ratificar lo bien que se había adaptado De Rosa a la moderna unidad. La alegría fue enorme; en el taller se siguió trabajando y un mes más tarde tuvo una nueva satisfacción, arribando segundo de Juan Gálvez en la “Vuelta de Chubut”. Estos desempeños le dieron un empuje anímico enorme para seguir ascendiendo en la especialidad y comenzar a soñar con la victoria. Su búsqueda por acceder al peldaño más alto del palco de honor, se hizo realidad el 29 de agosto de 1954, cuando se llevó a cabo la “Vuelta de Chacabuco” para no ganadores. En dicha oportunidad, puso de manifiesto su dilatada experiencia regulando el andar y preservando la integridad de su máquina a lo largo de los 828 kilómetros, asegurándose de esta manera un merecido triunfo. Abrió el calendario 55 con todo, ya que sus actuaciones fueron de gran relevancia, cosechando un cuarto puesto en Buenos Aires; fue segundo en la tradicional “Vuelta de Santa Fe”, a espaldas de Marcos Ciani y por delante de Daniel Musso, Ernesto Petrini, Esteban Sokol y Oscar Gálvez; repitiendo el cuarto lugar en el coliseo porteño; para volver nuevamente a este trazado y ser quinto, cerrando el año con una destacada participación en Córdoba, donde fue cuarto.
El ocaso de su carrera En el “Gran Premio” de 1956 venía produciendo una excepcional performance, ya que fue quinto en la primera etapa; sexto en la segunda; quinto en la tercera y mientras viajaba raudamente en el cuarto esfuerzo, padeció un vuelco que no logró detenerlo pero sí retrasarlo, haciéndolo caer al decimonoveno lugar. En el quinto y sexto tramos evidenció una magnífica recuperación; hasta que en la antepenúltima jornada imponderables técnicos lo marginaron. En su paso por la más popular de las categorías nos regaló innumerables anécdotas, típicas de esos trabajadores obstinados, amante del mejor automovilismo. Además fue de los que no tuvo reparos en detenerse a socorrer a otro competidor en apuros. Por todo lo expuesto, este batallador incansable generó una hermosa historia, llena de amor y coraje por los fierros y supo pasear por los antiguos caminos todas sus cualidades conductivas, técnicas y humanas.
Extraído del Periódico "La Opinion de Pergamino"
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